RITA LEVI-MONTALCINI: Vídeo-Podcast-Lila 135

Italia, 1909-2012

“Una mujer que desafió las normas, la guerra y la misoginia.

Se abrió camino en la ciencia.

Le prohibieron investigar por ser mujer y judía, pero ella montó un laboratorio en su habitación.

Mientras el mundo ardía en guerra, su mente prodigiosa descubría el secreto del crecimiento de las neuronas….

Demostró que el conocimiento, cuando nace de la pasión, no necesita permiso: es un acto de libertad.

Porque la ciencia no tiene género y la inteligencia, cuando se rebela, cambia la historia.

Esta semana te invito a descubrir a Rita Levi-Montalcini: la científica que revolucionó la neurología

¿Sabías que Rita Levi-Montalcini fue una neuróloga que consiguió el Premio Nobel de Medicina en 1986?

Pues así es…..

Hablar de Rita Levi es hablar de una eminente neurocientífica y también de una persona lúcida y solidaria, que jamás se desinteresó por sus semejantes.

En una época en la que ser mujer y querer pensar por sí misma era una forma de rebeldía, se atrevió a seguir su vocación. Para ella, la ciencia se convirtió en un antídoto de vida.

Su tenacidad y talento fueron premiados con el Nobel de Medicina, pero luego te cuento más….

Su longeva vida es testimonio de lo que logró en el ámbito de la neurología. Rita decía:

“Las mujeres que cambiaron la sociedad y la ciencia a través de la historia han tenido como único mérito la perseverancia y el optimismo”.

Pero, hagamos un poco de historia…….

Rita Levi-Montalcini nació el 22 de abril de 1909 en Turín, Italia, en el seno de una familia culta y burguesa. Su padre, Adamo Levi, era ingeniero eléctrico y matemático; su madre, Adelina Montalcini, una pintora talentosa, sensible y apasionada por el arte.

Juntos tuvieron cuatro hijos, de los cuales Rita era la más pequeña junto con su hermana gemela Paola, una futura artista.

Rita nació en un hogar donde abundaban los libros, los debates y la música, pero también las normas firmes. Su padre, de mentalidad tradicional, creía que una mujer con educación universitaria “perdería su feminidad”. No veía con buenos ojos que las mujeres se volcaran en una carrera profesional que pudiera apartarlas de sus deberes como madre y esposa.

Rita se rebeló en silencio; aquello no la detuvo.

Rita era una niña curiosa y obstinada y, mientras sus hermanos jugaban, ella observaba los insectos, diseccionaba flores y hacía preguntas que descolocaban a los adultos.

Como ella cuenta en su autobiografía “Elogio de la imperfección”, desde pequeña no podía ver sufrir a los animales ni a las personas, no soportaba las injusticias.

Rita pasaba horas encerrada en su habitación, leyendo a los clásicos y estudiando gramática latina por su cuenta, mientras imaginaba un futuro que parecía imposible para una mujer.

Con diez años quería entender cómo funcionaba la vida y quería estudiar. Esa determinación infantil sería la llave que más tarde abriría una puerta prohibida: la de la ciencia.

Por suerte, su madre, Adelina Montalcini, era artista, y aunque aceptaba los límites sociales, comprendía la sed de conocimiento de su hija. Rita decía que su madre fue su “primera aliada silenciosa”. Le enseñó a mirar el mundo con sensibilidad y a no avergonzarse de pensar diferente.

Cuando Rita tiene 19 años, muere de cáncer su antigua niñera y amiga de la familia, con quien tenía una estrecha relación. Esta experiencia la marcó profundamente y decidió que estudiaría medicina y… así lo hizo, pero eso sí, después de convencer a su padre porque, en 1930, pocas mujeres se atrevían a seguir su vocación.

Rita Levi estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Turín con un expediente brillante. El problema vino cuando quiso continuar su especialización en neurología y psiquiatría. Rita no pudo por la promulgación de las leyes raciales impuestas por el mandatario Mussolini en 1938. Esas leyes la obligaban a abandonar la universidad por ser mujer de origen judío. La sombra del fascismo crecía en Italia.

Pero Rita no se rindió. Mientras muchos huían, ella decidió quedarse y seguir investigando, aunque fuera entre las sombras.

En su habitación de Turín montó un laboratorio clandestino con lo que tenía a mano: un microscopio prestado, instrumentos quirúrgicos improvisados y huevos de gallina. Con estos observaba el crecimiento del sistema nervioso y estudiaba el desarrollo neuronal.

Si no puedo trabajar en los grandes laboratorios —decía—, trabajaré en mi propio rincón del mundo.”

En medio del miedo y la persecución, la ciencia se convirtió en su refugio y su resistencia. Y es que durante la II Guerra Mundial, Rita tuvo que huir de un lugar a otro.

En 1939 huyó a Bélgica, donde su hermana mayor Anna vivía junto con su familia. Durante un año prosiguió sus estudios de neurología en la Universidad de Bruselas, pero cuando los nazis invadieron Bélgica en 1940, tuvo que escapar de nuevo.

La familia tomó la peligrosa decisión de volver a Italia. Con la ayuda de amistades pudieron escapar a las persecuciones hasta el final de la guerra, primero en Turín y luego en Florencia.

Durante esos años, Rita vivió el miedo, la escasez y la incertidumbre. Veía cómo los amigos desaparecían, cómo la intolerancia arrasaba con todo.

En medio del horror, Rita Levi-Montalcini se aferró a su vocación científica como si fuera una forma de mantener la esperanza viva.

En medio del caos, Rita descubrió su verdadera grandeza: la ciencia podía sobrevivir incluso en la oscuridad, si alguien tenía el valor de sostener una lámpara.

Aquellos años forjaron a la mujer que, tiempo después, revolucionaría la neurociencia.

En aquel momento, aún no sabía si iba a ejercer como médico o se iba a dedicar a la investigación, pero sí sabía que quería continuar sus estudios.

Su talento no pasó desapercibido. Pronto llamó la atención de su maestro, el doctor Giuseppe Levi, un científico riguroso que se convertiría en mentor y figura clave en su carrera.

El Dr. Levi vio en Rita una determinación poco común, una mezcla de mente brillante y paciencia infinita, cualidades esenciales para la investigación. Allí descubrió su verdadera vocación: la neurociencia.

Las clases de anatomía y los estudios sobre el sistema nervioso la fascinaban. Su mente quería entender cómo algo tan diminuto como una célula podía encerrar el misterio de la vida.

Contra todo pronóstico, en esos años Rita y su mentor Giuseppe Levi -que a pesar del apellido no era pariente suyo- realizaron grandes avances en el estudio de la neurología.

La última etapa de la guerra, en la que colaboraba con la Cruz Roja atendiendo a heridos, fue decisiva para que orientara su carrera hacia la investigación en vez de la práctica médica. Ella se sentía incapaz de distanciarse emocionalmente del sufrimiento de sus pacientes. Desde entonces se volcó en la investigación médica. Esa fue su auténtica pasión, porque decidió no casarse ni tener hijos.

Con el final de la 2.ª guerra mundial, su vida dio un gran giro. Rita recibe el ofrecimiento del biólogo Viktor Hamburger de continuar sus estudios e investigaciones en EEUU, en concreto en la Washington University de Saint Louis. Rita Levi-Montalcini empieza su carrera científica en América.

Lo que debía ser un estudio de pocos meses se transformó en una elección de vida. Rita obtuvo una cátedra de Neurobiología que mantendría hasta su retiro en 1977 y combinaría con otros importantes trabajos en Italia.

Durante esos treinta años enriqueció su investigación con el estudio de la genética y la embriología, dedicándose al estudio de los factores genéticos en el crecimiento de las células.

Entre 1951 y 1954 realizó los experimentos fundamentales para el descubrimiento del FTN (factor de crecimiento nervioso): una proteína importante para la comprensión del desarrollo de los tumores de las células nerviosas, y así mismo de enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson. Te cuento…

En 1952, al aislar una sustancia presente en tumores de ratón que, luego, aplicada a embriones de pollo, generaba un sólido crecimiento de sus sistemas nerviosos, se dio un importante paso en el conocimiento existente sobre el proceso de generación celular.

Quien alcanzó este importante avance en la neurobiología fue la doctora Rita Levi-Montalcini, que identificó lo que luego sería conocido como “factores de crecimiento”.

Esto permitió entender condiciones médicas como la demencia senil, los tumores y las deformidades, entre otras.

En 1953 empezaría una larga colaboración con el bioquímico Stanley Cohen, con quien compartió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1986 por el descubrimiento del factor de crecimiento nervioso (NGF).

Su trabajo con Stanley Cohen sirvió para descubrir que las células solo comienzan a reproducirse cuando reciben la orden de hacerlo, orden transmitida por los llamados factores de crecimiento. Sus estudios, y especialmente el aislamiento del factor de crecimiento nervioso —un tipo de proteína que estimula el crecimiento de las neuronas—, fueron de gran importancia.

Su descubrimiento revolucionó la comprensión de cómo funciona el sistema nervioso y llevó a avances significativos en la comprensión y tratamiento de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson.

Rita Levi-Montalcini se convirtió en la cuarta mujer en recibir el premio Nobel en Medicina, unos años después que Barbara McClintock, otra de nuestras protagonistas que te invito a descubrir.

Unos años más adelante, en 1969, Rita Levi-Montalcini se convirtió en la directora del Instituto de Biología Celular del Consejo Nacional Italiano de Investigación. Ese cargo lo ocupó durante casi diez años.

Rita Levi-Montalcini no solo destacó en lo académico, sino también por su compromiso social. Promovió el acceso a la educación de los jóvenes y las mujeres, colaboró con organismos ecologistas y pacifistas, —especialmente para erradicar las minas antipersona— a causa de los horrores que vio durante la guerra.

En 1992 crea, junto a su hermana, la Fondazione Levi-Montalcini, con el convencimiento de que la cultura y el conocimiento son la base de la libertad y la independencia, especialmente de las mujeres en el Tercer Mundo.

La única controversia de su vida vino de su implicación con la industria farmacéutica, que aportó grandes fondos para sus investigaciones. Te cuento…

En los años 70, Rita Levi y otros científicos promovieron la comercialización del fármaco Cronassial. Posteriormente, se descubrió que podía tener graves efectos secundarios en el sistema nervioso y fue retirado del mercado.

Últimos apuntes… Rita Levi-Montalcini fue miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos; recibió la Medalla Nacional de la Ciencia (máximo reconocimiento de la comunidad científica estadounidense) y fue nombrada senadora vitalicia por el presidente italiano en 2001.

Además del Premio Nobel, Rita Levi recibió durante su carrera premios como el Max Weinstein, convirtiéndose en la primera mujer en recibirlo.

Por cierto, Rita Levi se declaraba atea, pese a lo cual fue nombrada miembro –la única mujer, por cierto– de la Pontificia Academia de las Ciencias, con sede en el Vaticano.

En el año 2009, cuando Rita Levi cumplía 100 años de edad, decía:

«A los cien años, tengo una mente que es superior a la que tenía a los 20, gracias a la experiencia.»

Rita Levi-Montalcini murió en Italia, el 30 de diciembre de 2012, con 103 años de edad, cargada de energía y con su cabeza intacta.

El cuerpo se me arruga, es inevitable, ¡pero no el cerebro!”

Rita Levi-Montalcini, la científica que revolucionó la neurología: su legado continúa siendo una inspiración para las científicas.

Y, ¿cómo recordamos hoy en día a nuestra protagonista?

Bueno, en primer lugar, decirte que sus investigaciones médicas siguen siendo un faro que ilumina el ámbito de la neurociencia en los avances de enfermedades neurodegenerativas.

Por otra parte, te recomiendo alguno de sus libros:

Su autobiografía: Elogio de la imperfección narra una odisea, la protagonizada por Rita Levi-Montalcini a lo largo de un siglo.

En este libro, Atrévete a saber –publicado cuando ya había cumplido noventa y cinco años y que revisó meses antes de su muerte–, condensó toda su sabiduría científica y su experiencia como ser humano. Rita compone una auténtica visión del mundo.

El as en la manga. Los dones reservados a la vejez. En este breve pero intenso libro, la doctora Levi-Montalcini desdeña las reflexiones consolatorias o las lamentaciones lúgubres sobre la vejez, para explicarnos que el cerebro puede seguir funcionando perfectamente incluso a una edad avanzada, a diferencia de lo que ocurre con otras funciones fisiológicas, ya que si bien es cierto que pierde algunas de sus capacidades, las sustituye con otras que compensan e incluso superan a las perdidas.

Y, por último, te recomiendo: Las pioneras. Las mujeres que cambiaron la sociedad y la ciencia desde la Antigüedad hasta nuestros días, escrito junto a Giuseppina Tripodi,

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