GABRIELA BRIMMER: Vídeo-Podcast-Lila 136
México, 1947-2000
«Una mujer que nació en un cuerpo que no le respondía, aunque dentro de ella había una voz que nadie podía apagar.
Durante años, el mundo la miró sin verla. Creyeron que su silencio era vacío, pero se equivocaban.
Mientras otros hablaban por ella, ella pensaba, sentía, comprendía… y resistía.
Su expresión hacia el exterior se manifestaba solo a través del dedo de su pie izquierdo y de una mirada que traspasaba fronteras.
Desde ese límite impuesto, consiguió lo impensable: escribir y luchar, convirtiéndose en escritora y activista.
Esta no es tan solo una historia de superación: es una historia de conciencia, desafío y verdad.
Hoy, en Mujeres Lila, te acercamos a la extraordinaria vida de…Gabriela Brimmer.”
¿Sabías que Gabriela Brimmer fue una escritora y activista mexicana que, a través de su testimonio de vida, visibilizó y actuó por los derechos de las personas con discapacidad?
Pues así es…
Gabriela, conocida como Gaby Brimmer, fue una mujer de enorme coraje que logró sobreponerse a la lesión cerebral que padecía y que le había arrebatado la movilidad de su cuerpo.
Gracias a su niñera, Florencia Sánchez, quien fue vital en su proceso de comunicación y desarrollo, Gaby logró desarrollar una forma de escritura con un dedo de su pie (luego te cuento con más detalle).
En realidad, nuestra historia de hoy es, nuevamente, la historia de dos mujeres movidas por el amor, como ya nos sucedió con Helen Keller y Anne Sullivan (biografía que te invito a descubrir en nuestro canal).
Hoy descubriremos la intensa historia de Gabriela Brimmer y de su niñera, Florencia Sánchez Morales, una mujer mexicana de origen indígena que descubrió sus posibilidades comunicativas y que le sirvió a Gaby de apoyo, de voz y de cuerpo.
Gaby decía:
“Quisiera que ustedes comprendieran que soy como los demás, un magma de amores, pasiones, enojos, deseos, defectos y virtudes que anhela encontrar la paz.”

Pero, hagamos un poco de historia…
Gabriela Raquel Brimmer Dlugacz, conocida como Gaby Brimmer, nació el 12 de septiembre de 1947 en Ciudad de México. Sus padres, Miguel Brimmer y Sari Duglacz, eran austríacos de origen judío que huyeron de la persecución nazi y emigraron a México.
Juntos tuvieron dos hijos, David, y nuestra Gabriela, una hermosa bebé de tres kilos y medio, rubia y de delicadas facciones, que tuvo un parto muy complicado a consecuencia de la falta de oxígeno, lo que propició una parálisis cerebral perinatal.
Sus padres quedaron devastados, pero algo muy importante: nunca la consideraron una carga y desde el primer día decidieron que harían todo lo posible para que Gaby tuviera una vida plena (más adelante te cuento cómo lo hicieron…).
Su madre solía contar que, cuando tomó por primera vez en brazos a su hija, supo que tendría un papel importante en el mundo. Ella sintió una certeza irracional y dijo: “Esta niña va a abrir caminos”, y aunque muy pocos la creyeron, su madre tenía toda la razón.
A los pocos días de llegar a casa, recién nacida, su hermano de dos años junto a su madre presenciaron una convulsión que delataría la condición de vida de la bebé, algo que le impedía realizar cualquier expresión o movimiento con su cuerpo. Y es que la pequeña Gaby no respondía como los demás bebés. Su cuerpo estaba rígido, como si hubiera librado una batalla antes incluso de aprender a respirar.
Pero Gaby, aunque no podía hablar y apenas podía mover su cuerpo, tenía una mirada muy intensa, muy expresiva. Una mirada que decía: “Aquí estoy.”
Sus padres descubrieron pronto que comprendía todo; ella seguía las conversaciones, reaccionaba con pequeños sonidos o movimientos del pie.
Por ejemplo, cada vez que su padre llegaba del trabajo, Gaby lo reconocía golpeando con suavidad la silla con su pie izquierdo —el único movimiento que podía controlar— como un pequeño saludo privado que solo ellos compartían.
Desde su silencio, nuestra pequeña observaba el mundo con una inteligencia que sus padres fueron aprendiendo a descifrar poco a poco.
Cuando Gaby tiene cinco años, llega a su vida Florencia Sánchez Morales, la que se convertiría en su niñera; bueno, mucho más que eso. Florencia era una joven tímida, recién llegada desde un pueblito del estado de Guerrero, en México, donde su lengua no era el español, sino el náhuatl, ya que ella era indígena.

Desde el primer día, Florencia entendió a nuestra Gaby de una forma que ni los médicos ni los especialistas habían logrado entender. Ella la protegió de las miradas de los curiosos, envolviéndola siempre en su abrazo. Entre ellas dos nació una alianza capaz de romper todos los límites, una relación donde la interdependencia se transformaría en libertad para Gaby.
Su niñera fue la primera en percibir que Gaby podía expresarse a través del dedo gordo del pie izquierdo, algo que cambiaría radicalmente su vida. Sí, porque a partir de ahí, con 7 años, sus padres construyen un tablero alfabético casero para que Gaby pudiese señalar las letras con el pie izquierdo. De esa forma empieza a aprender a escribir palabras, ideas y emociones.
Y es que Gaby había nacido en un hogar donde la cultura era importante y también querían que lo fuese para ella. En su casa se hablaban tres idiomas: español, alemán e inglés. Sus padres eran grandes lectores y solían leerle cuentos en voz alta durante horas; por eso, viendo que su hija era muy inteligente, querían facilitarle el acceso a la educación, pero…
Estamos en México, en la década de los 50 del S. XX, y a la mayoría de niños con discapacidad se los condenaba a la invisibilidad social. A muchos los recluían en centros, pero sus padres no estaban dispuestos a permitirlo, especialmente su madre.
Contra todo pronóstico, optaron por no rendirse y lucharon para que Gaby reciba una educación formal, aunque esa no fue una tarea nada fácil…
A Gaby la rechazaban una y otra vez; era casi impensable que una niña con discapacidad severa fuera aceptada en la escuela, pero gracias al apoyo de su madre y de Florencia, su niñera, lo logró. Así lo expresaba ella misma:
“A los ocho años de edad, ingresé a la primaria del Centro de Rehabilitación Musculoesquelético, donde encontré a un ser humano que supo impulsarme hacia las letras; fue la maestra Margarita Aguilar.”
El primer día de clase, los niños se quedaron mirándola sin saber qué hacer. Una niña se acercó y le dijo:
—¿Quieres jugar?
Gaby respondió moviendo su pie en círculos. Era su manera de decir “sí”.
Con su pie escribiendo en el tablero, y siempre acompañada por su niñera Florencia, demostró ser una alumna brillante; tenía mucho por decir al mundo.
Gaby Brimmer rompía barreras simplemente existiendo en el aula: su presencia obligaba al sistema a adaptarse por primera vez.
Gaby no hablaba, no podía mover su cuerpo, pero se comunicaba escribiendo en su pizarra con su pie izquierdo. Impresionante, ¿verdad?
Y así empezó su carrera de estudiante, siempre acompañada de su alma gemela, que la llevaría a ingresar, ya con 17 años, en el Instituto de Secundaria. Allí la poesía se convierte en su principal forma de expresión. Y su pie se convierte en su pluma.
Gaby escribió:
“Recuerdo cuando mi madre descubrió uno de esos poemas, lo leyó y con lágrimas me instó a seguir escribiendo y comenzar la recopilación de cada escrito, ya fuera de la escuela o personal, porque ella pensaba en un libro mío.”
En 1967, cuando Gaby tiene 20 años, pierde a su padre. Ella escribió:
“Esta pérdida fue un trauma para mí, pues además del amor que me daba, era mi guía en varios aspectos de la existencia humana.”
Gaby es consciente de los muchos tabúes que recorren su situación personal, y es ahí donde empieza a gestarse su activismo; participa activamente en movimientos sociales, se involucra en la lucha por los derechos de las personas con discapacidad.
Además, México vive un momento convulso en 1968 con el movimiento estudiantil contrario a la represión de los derechos humanos y eso también la mueve. Ella no quiere tan solo ser aceptada a nivel social, sino que exige sus derechos.
Su forma de comunicación es a través de la escritura, y empieza a redactar textos muy críticos que señalan sin miedo las situaciones de violencia que padecen las personas con discapacidad. Entre sus críticas está el tabú que existe de hablar de sexualidad en personas con discapacidad. Ella habla desde la experiencia.
Su palabra es incómoda porque es verdadera. Y es que Gaby tuvo una experiencia de amor con Carlos, otro joven con discapacidad, una experiencia íntima y reveladora de su vida adulta, pero también una de las más incómodas para quienes pensaban que el amor, el deseo y la sexualidad no pertenecían a cuerpos como el suyo. Curiosamente, la película que habla de su vida pasa de puntillas por esta experiencia…
Nuestra protagonista de hoy es un ejemplo clarísimo de algo: si tú tomas la decisión de hacer algo, luchas por ello, cueste lo que cueste, lo consigues. Como ella misma decía:
“Lo más importante es tener la fuerza y la voluntad en nosotros mismos, porque de nada sirve el apoyo de la familia y de los amigos si uno mismo no quiere o no puede hacer nada. “
Y nuestra Gaby lo hizo. Tomó la decisión de existir y hacerse valer en un mundo que seguía empeñado en reducirla a su cuerpo inmóvil.

Gaby Brimmer no deja de aprender, no deja de avanzar, siempre en compañía de esa otra alma noble y avanzada, la de Florencia. Ella la acompaña en su vida adulta; con ella construye vínculos con otras personas, crean amistades basadas en la escucha y el respeto.
Con 24 años, Gaby logra acceder a la universidad; primero se matricula en Sociología, pero por decisión familiar, después del primer semestre tiene que dejarlo. Y en 1974, se matricula en Periodismo, pero debido a las barreras arquitectónicas y humanas de la UNAM, solo pudo estudiar tres semestres. No lo tenía fácil…
Con treinta años, Gaby decide dar un gran paso: adoptar a una niña recién nacida a la que llamó Alma Florencia y de la que se pudo hacer cargo gracias al apoyo de su propia cuidadora, Florencia Sánchez Morales. Ella sentía un profundo deseo de ser madre. Pero Gaby pudo disfrutar poco tiempo de esa experiencia…
La presión y la vigilancia que se ejercieron sobre ella fueron enormes y, al poco tiempo, le arrebataron a su hija adoptada. Eso fue otro golpe muy duro para ella. Pero te he de decir que sobre este delicado tema, he encontrado muy poca información.
Pocos años después, su madre seguía con la idea de editar un libro sobre Gaby y en 1979 logró su objetivo: Gaby Brimmer, un libro que recoge su vida y su pensamiento, escrito junto a Elena Poniatowska, con la participación fundamental de Florencia Sánchez Morales y con la propia Gaby escribiendo su introducción.
Este libro narra su vida, su relación con el cuerpo, el deseo, la discriminación, la amistad y, sobre todo, la resistencia. Elena Poniatowska escribe:
“Gaby Brimmer, la gaviota, escogió la lucha. Con el único miembro de su cuerpo que le respondía, el pie izquierdo, siempre descalzo, aprendió a señalar en un tablero colocado a los pies de su silla de ruedas las letras del alfabeto y así formar palabras que se convertirían en ideas. Así pudo comunicarse con los demás y, lo más importante y notable, imponerse a los demás. Tanto es así que logró hacer su primaria, su secundaria y asistir a la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).“

Su autobiografía no será el único libro que escriba y publique. En 1980 publica un libro de poemas y de cartas, y ese mismo año conoce al cineasta Luis Mandoki, quien le propone que le escriba el argumento de la película sobre su vida. Esa tarea duró ocho meses, y años más tarde se presentó la película: “Gaby, una historia verdadera”.
Pero, como bien sabemos, todos tenemos un recorrido en esta vida, y poco después de presentar la película, Gaby pierde a su madre. Otro duro golpe.
Gaby estaba ahora sola con Florencia porque la relación con su hermano mayor, David, era distante; nunca fue un apoyo central en la vida de Gaby.
Tras la muerte de su madre, Sari Brimmer, Gaby reunió y ordenó textos que había escrito a lo largo de los años, muchos de ellos centrados en mujeres, en la experiencia femenina, en la voz silenciada y en la identidad.
Este era un trabajo muy personal, casi íntimo, más cercano a un archivo vital que a un proyecto editorial cerrado. Probablemente, Gaby escribió mucho más de lo que el mundo llegó a leer.
Nuestra Gaby es una luchadora, es imparable, y siempre con el deseo de ayudar a quienes tienen el cuerpo en mil pedazos y la mente libre, o como ella decía: «por ocuparme en otros asuntos más terrestres, no lo sé aún».
Gaby Brimmer llegó a fundar con unos amigos la «Asociación para los Derechos de Personas con Alteraciones Motoras», ADEPAM, I.A.P.
Durante la década de 1990, Gaby participó activamente en reformas legislativas y en campañas de inclusión, accesibilidad y educación para personas con discapacidad, y fue premiada con “La Medalla al Mérito Ciudadano” en México.
En sus últimos años de vida, Gaby Brimmer organizó el primer foro “Liderazgo y Derechos de las Mujeres y Niñas con Discapacidad”.
Gaby murió el día 3 de enero del año 2000, a los 52 años, a causa de un paro cardíaco.
Hoy en día continúa siendo un símbolo de resistencia, autonomía y dignidad, especialmente dentro de la comunidad latinoamericana con discapacidad.
Me quedo con estas palabras de ella:
“Algo que me ha servido mucho a lo largo de mi existencia es el estar bien consciente de las cosas que puedo hacer y de las que no; por ejemplo, sé que no puedo correr, pero con mi pensamiento puedo volar en fracción de segundos al más distante de los lugares; se me dificulta hablar, pero mis libros, mis cartas y mis poesías hablan mucho por mí; mis manos tal vez no puedan hacer una caricia y, sin embargo, he sabido amar como mujer, como madre y como amiga. “
Y, ¿cómo recordamos a nuestra protagonista?
En 2000, tras su fallecimiento, el entonces presidente de México, Ernesto Zedillo, instituyó el Premio Nacional de Rehabilitación que lleva su nombre.
1979 – Gaby Brimmer, (una autobiografía escrita con Elena Poniatowska) México D. F.: Editorial Grijalbo.[9]

1980 – Gaby, un año después, México, D. F.: Editorial Grijalbo.
Película: Su vida fue llevada al cine en la película “Gaby: “A True Story”, del director Luis Mandoki (nominada al Óscar), lo que proyectó su historia internacionalmente.
Otra mujer admirable, un ejemplo de vida a quien hemos dedicado otra de nuestras Biografías Lila.
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