REESCRIBIR LA HISTORIA CON NOMBRES DE MUJERES
Hace pocos días compartimos un rato de buena charla con la escritora y periodista Laura Manzanera. El resultado de este rato compartido es esta entrevista para la revista «Dones Digital» que aquí te comparto.
Vaya por delante nuestro agradecimiento inmenso por hacerse eco de nuestra labor de divulgación sobre mujeres de la historia. ¿Nuestra tarea? Completar la historia con nombres femeninos.

Mujeres Lila: Reescribir la historia con nombres de mujeres.
El proyecto Mujeres Lila nace en 2020, durante la pandemia, de la mano de la periodista y comunicadora Marta Palencia y la actriz y creativa Sílvia Aranda. El reconocimiento a su labor llegó un año después, cuando recibieron el galardón al medio digital con contenido feminista en los Premios de Comunicación No Sexista de la Associació de Dones Periodistes de Catalunya (ADPC).
El origen de Mujeres Lila está en la radio: Marta hacía cápsulas en el programa ‘Connectats’ de Ràdio Barcelona (Cadena SER), donde rescataba figuras femeninas olvidadas por la historia. Aquella semilla creció hasta convertirse en un canal de YouTube con 64.000 personas suscriptoras, un pódcast disponible en las principales plataformas (Spotify, Apple Music, Amazon Music, Google Podcast…), workshops y un libro propio. Su misión es clara: reescribir la historia con nombres femeninos.
Explicadme cómo surgió Mujeres Lila y si recordáis cuál fue la primera mujer de la que hablasteis.
Marta Palencia: Esto arrancó conjuntamente con Silvia. Aprovechamos la pandemia para ponerlo en marcha. Yo ya hacía cápsulas en la radio y en programas de tecnología donde, siempre que podía, destacaba el valor de la mujer. Decidimos darle forma en YouTube, donde tenemos el canal.
Sílvia Aranda: La primera mujer que publicamos como pódcast fue Grace Hopper, pionera en las ciencias de la computación. Después le dediqué un monólogo, una de las ramas del proyecto Mujeres Lila. Cuando los episodios iniciales rescatados de la radio se quedan cortos, hago un monólogo para ampliar la información y presentar a la protagonista de otra forma.
Con la saturación de las redes sociales, ¿creéis que el formato pódcast todavía puede ser útil para transmitir este tipo de contenido?
M.P.: Pienso que mucho, muy útil. Los pódcasts son contenidos fácilmente consumibles; la gente los escucha mientras hace otras cosas, como salir a hacer ejercicio o ir en coche. Creemos que los pódcasts y los videopódcasts en YouTube funcionan.
S.A.: En el ámbito de los pódcasts es donde la gente consume contenidos más largos. Hay grandes podcasters que hacen entrevistas de cuatro horas y, si te interesa, entras. Supongo que es el contrapunto a la velocidad de las redes; un oasis de aire fresco.
¿De qué manera vuestras formaciones y profesiones han sido complementarias para formar un buen equipo?
M.P.: Yo estoy en la parte que más me gusta: ir buscando y rastreando información de aquí y de allá, redactar y locutar.
S.A.: Yo llevo la parte más creativa y la de abrir una estética al canal para darle una forma más profesional. Pongo la información en escena con los monólogos.
¿Qué dificultades presenta investigar a mujeres que no aparecen en los libros?
M.P.: Muchos obstáculos y mucha rabia. El otro día buscaba datos sobre Hilma af Klint, una artista sueca. Si buscas «arte abstracto», no te aparecen nombres de mujeres, y dices: ¡pero si son ellas! Cuando investigas sobre una mujer de hace tiempo, lo tienes todavía más difícil. Hay que verificar los datos el máximo de veces posible. Con las mujeres hay menos información y esto es una constatación que da rabia.
S.A.: Si hablamos del tema de la imagen, es un caos; incluso en los primeros episodios tuvimos algún error. La información se va repitiendo y, si hay un error, se eterniza. Con las fotos es muy fácil equivocarse y, una vez hecho el montaje, ya no se puede corregir.

¿Os costó encontrar el equilibrio entre el rigor de los datos y la narrativa?
M.P.: Se fue haciendo poco a poco. Pasamos de aquellas cápsulas de radio de 2 o 3 minutos a aumentar la información. Ahora publicamos con más tiempo entre episodios, algo que no querríamos, pero es que no tenemos patrocinadores. El amor al arte es muy grande, pero tenemos que comer.
¿Sentís algún tipo de responsabilidad con la tarea que hacéis?
M.P.: Más que responsabilidad, es la sensación de que esto es lo que queremos dejar como legado: una especie de enciclopedia de mujeres.
S.A.: La gente nos ha hecho ver que estamos creando un legado y eso nos anima a seguir a pesar de no tener patrocinadores. No los tenemos a ellos, las tenemos a ellas.
¿Sabéis si también os siguen hombres?
M.P.: En YouTube tenemos un 67% de mujeres y un 33% de hombres. Algunos son unos fans maravillosos y es genial, porque sin ellos esto no se construye.
Ahora que el feminismo vive un retroceso, ¿creéis que vuestro proyecto es más necesario que nunca?
M.P.: Es necesario ahora y siempre. En una entrevista reciente, Rosa María Calaf, por la que siento admiración desde pequeña, recordaba que ya a principios de los setenta tenía que responder preguntas sobre el papel de las mujeres en el periodismo. Lo que es realmente fuerte es que, en pleno siglo XXI, ella misma tenga que seguir diciendo exactamente lo mismo: que no estamos atacando a nadie, que simplemente las cosas no son iguales entre hombres y mujeres, que no cobramos igual y que sufrimos acoso. Que esto todavía se tenga que justificar es lo que da rabia.
Al canal llegan «perlas» de todo tipo y también haters, pero si los tienes, significa que estás trabajando.
S.A.: Nosotras nos situamos en una sensación proigualdad, sin extremismos ni política. Feminismo puro y duro, como el de María Moliner.
¿Hay alguna historia que os haya tocado la fibra especialmente?
S.A.: Una historia que me toca muy de cerca es la de Alice Guy, la creadora del cine. Creo que la primera vez, montando el vídeo, me empezaron a caer lágrimas. Ella inventó la narrativa cinematográfica; sin ella, el cine no sería lo que es. Los hermanos Lumière solo plantaban la cámara, pero ella se inventó el cine en color y los efectos especiales. Murió olvidada en una residencia, sin ningún reconocimiento.
M.P.: A mí me conmovió mucho hacer el pódcast número 50, dedicado a Hildegarda de Bingen, una sabia de la Edad Media. También la escritora Rosalía de Castro; la pionera del periodismo de investigación Nellie Bly, una mujer muy valiente, y Camille Claudel, que acabó encerrada treinta años en un centro psiquiátrico mientras Auguste Rodin se llevaba el mérito de obras que había esculpido ella.
Mujeres Lila también ofrece cursos y talleres.
S.A.: A los talleres los llamamos workshops. Buscamos mujeres vinculadas a un tema, como «Mujeres en la sombra» o «Pioneras de grandes industrias», donde hablamos, por ejemplo, de Bertha Benz. Son sesiones de una hora y media en las cuales presentamos las historias con diapositivas de una forma dinámica, y al final abrimos un coloquio.
M.P.: Estamos trabajando con un método de comunicación propio que hemos llamado GRINgo, nuestra forma de transmitir las historias. Las siglas significan: G de Genuinidad (buscar tu autenticidad), R de Respeto (a ti y al auditorio), I de Interés (para despertar la atención), N de Naturalidad (huir de la rigidez) y GO de práctica. También damos acompañamiento para preparar discursos o presentaciones.
Y habéis publicado un libro…
S.A.: Verdades jamás contadas es nuestra «criatura». Nos hacía una ilusión enorme. Lo hemos hecho con una mujer que nos ha acompañado en el mundo de la autoedición porque no conocíamos nada de eso.
M.P.: Ha sido un año de trabajo. No se reduce a un «cortar y pegar» de la página web. Además, en el libro nació el «Planeta Lila», con una parte de fantasía donde dialogan mujeres de diferentes épocas sobre cosas que nos afectan hoy, como la psiquiatra Karen Horney y Christine de Pizan, una feminista del siglo XV.
¿Qué legado os gustaría dejar?
S.A.: Más libros.
M.P.: Referentes. Que las chicas puedan encontrar a estas mujeres de forma fácil y que sirvan de aprendizaje. También me gustaría tener un espacio virtual propio donde nadie nos pueda censurar ni cancelar el canal.
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