Rosemary Kennedy: Vídeo-Podcast Lila 100

“Una joven atractiva y atrevida que amaba las fiestas y la vida social.

A la edad de 23 años fue sometida a una lobotomía que la dejó incapacitada de por vida.

Se la escondió en un hospital psiquiátrico. La abandonaron a lo largo de 64 años.

La trágica existencia de nuestra protagonista encaja con la llamada “maldición de los Kennedy” pero su historia ha quedado silenciada por la historia.

Hoy nos adentramos en la triste historia de Rosemary Kennedy, la hermana oculta y abandonada de John Fitzgerald Kennedy a la que su padre ordenó lobotomizar.”

¿Sabías qué Rosemary Kennedy fue la hija mayor del clan Kennedy y hermana de John F. Kennedy?

Seguramente has oído hablar de los Kennedy pero probablemente no sabías que existió nuestra protagonista.

Rosemary nació en el seno de una familia adinerada de EEUU vinculada al ámbito político, una familia con mucha competencia interna en donde los hermanos varones eran siempre los que tenían éxito en los estudios y múltiples reconocimientos sociales.

A Rosemary Kennedy, por el hecho de ser mujer y padecer una complicación de nacimiento, se la mantuvo injustamente apartada de la vida

La familia ocultó al mundo que Rosemary tenía necesidades especiales, no querían cargar con el estigma de que alguien pensara que era un problema genético.

Pero, hagamos un poco de historia….

Rosemary nació en 1918 en el estado de Massachusetts, EEUU, y fue la segunda de la extensa familia Kennedy. 

Su nacimiento fue complicado, y lo fue por motivos médicos. Os cuento…

Por aquel año, 1918, en EEUU, se vivían los efectos de la epidemia de gripe española que llegó a matar entre 20 y 50 millones de personas en todo el mundo y eso ocasionó que el médico encargado del parto se retrasase dando prioridad a otros pacientes.

En el momento del parto de Rosemary, la comadrona indicó a su madre que aunque la cabeza del bebé ya estaba saliendo, mantuviera las piernas cerradas y apretadas, para evitar dar a luz antes de que llegara el doctor.

Fueron dos horas de agonía que provocaron un accidente uterino que provocó la falta de oxígeno en el bebé. Eso ocasionó algunas dificultades de desarrollo en nuestra protagonista.

Al nacer se le diagnosticó con un retraso mental leve provocado por complicaciones en el parto.

Sus padres fueron Joseph P Kennedy, millonario y político que había hecho fortuna en películas, whisky y acero, y Rose Elizabeth Fitzgerald, mujer de la aristocracia católica de Boston.

Juntos tuvieron nueve hijos, muchos de los cuales tendrían un fin prematuro. Rosemary nació en segundo lugar y fue la primera hija.

Sus discapacidades a menudo estaban ocultas o disfrazadas por su familia para evitar el estigma de estar asociada con «genes defectuosos».

Y es que Rosemary Kennedy creció con problemas de aprendizaje, tenía dislexia y se la inscribió en escuelas especiales.

Tuvo problemas de lectura y escritura hasta la edad adulta. También tenía cambios de humor y algún ataque de ira. Según su familia, Rosemary Kennedy era la más lenta y menos brillante de todos. 

Ante la opinión pública, la familia la describía como una persona con discapacidad mental.

Hoy en día, el diagnóstico de nuestra protagonista sería otro muy diferente y no se la hubiese tratado de la forma en la que se la trató.

Cuentan que el periodo de vida más feliz para Rosemary Kennedy fue el que pasó en Inglaterra. Allí se desplazó su familia, para acompañar a su padre que había sido nombrado embajador de EEUU.

La belleza y el encanto de la adolescente Rosemary y su hermana menor Kathleen atrajeron la atención de la prensa británica.

Rosemary Kennedy, apodada “la joven de la bella sonrisa”, llegó a protagonizar alguna portada de revista y salió en el Vogue de la época

Durante su estancia en Inglaterra, Rosemary Kennedy acudió a una de las escuelas que utilizaban el método educativo de Maria Montessori (protagonista de nuestro podcast lila 64)

Rosemary calificó esa escuela como «el lugar más maravilloso» en el que había estado. Pero esto no duró…

Al principio de su estancia en Inglaterra, Rosemary Kennedy estaba con sus padres y hermanos pero, en el segundo año de residencia allí se quedó sola con su padre y aquí las cosas se empezaron a poner feas…Sí porque a su padre se le veía tenso en los acontecimientos públicos a los que iba acompañado de su hija porque Rosemary era más inquieta de lo habitual, no se comportaba en sociedad como ellos deseaban.

El fluir con naturalidad no iba enlazado con el padre de la saga Kennedy.

A todo ello debemos sumarle el hecho de que a su padre se le apartó del cargo de embajador de EEUU en Inglaterra por ser simpatizante de la política nazi y tuvo que regresar a casa con su carrera política en ruinas.

El regreso de Rosemary Kennedy a EE.UU. fue desastroso y su vida dio un giro trágico. Alejada del cariño y la atención que la había rodeado en Inglaterra, desmejoró rápidamente. Su carácter oscilaba entre la pena y la ira.

Empezó a tener algún episodio violento con la familia y eso la llevó a ser ingresada en un convento pero allí tampoco pudieron controlarla.

Rosemary Kennedy empezó a mostrar su cara más amarga por la enorme incomprensión que vivía

Eso la llevó a escaparse del convento para ir en busca de diversión y compañía.

Las monjas del convento informaron al padre de Rosemary de la situación y eso, sumado a las ambiciones políticas de su padre, provocaron que éste tomase medidas drásticas porque la actitud de su hija le molestaba.

No iba bien en los estudios ni mantenía una pareja estable con la cual conseguir un matrimonio aceptable. Temía un posible embarazo no deseado de su hija lo que sería un escándalo.

Y es que el padre de esta saga quería convertir a su familia en una de las más poderosas de EEUU y no iba a permitir que nada ni nadie se interpusiera a esto. Tremendo, ¿verdad?

Así, sin consultar a nadie, ni a su mujer y mucho menos a su propia hija, decidió que la sometería a una operación quirúrgica bárbara, la llamada lobotomía. Hagamos aquí un pequeño inciso sobre este tema.

Esta rupestre y bárbara técnica la desarrolló el neurólogo portugués Egas Moniz en 1935 y por esto le dieron un Nobel.

Su procedimiento consistía en perforar un par de agujeros en el cráneo y empujar un instrumento afilado en el tejido cerebral. Luego lo barría de un lado a otro para cortar las conexiones entre los lóbulos frontales y el resto del cerebro.

Como explica el neurocirujano Henry Marsh:

«Se basaba en esta visión terriblemente cruda y simplista del cerebro, que lo miraba como un mecanismo simple en el que uno simplemente podía meter cosas. La idea era que los pensamientos angustiantes y obsesivos daban vueltas y vueltas e interrumpiendo el circuito se podían detener esos pensamientos». Fuerte, ¿verdad?

Y es que a principios de 1940, la lobotomía se consideraba una técnica revolucionaria para el tratamiento de los trastornos psiquiátricos, una técnica que perforaba el cráneo de una forma brutal.

¿La finalidad? Corregir enfermedades porque se creía que la lobotomía, esta nueva operación «psicoquirúrgica», era una cura para una gran cantidad de males psicológicos, como la esquizofrenia, los comportamientos violentos o desordenados, el alcoholismo o la «ninfomanía» entre otros.

En EE.UU se realizaron hasta 5.000 lobotomías por año durante la década de 1940, la mayoría de ellas en mujeres jóvenes

En Reino Unido se realizaron más de 20.000 lobotomías entre principios de la década de 1940 y finales de la de 1970.

Uno de sus artífices, el médico Walter Freeman, llegó a realizar casi 3000 intervenciones al ritmo de 25 por día y llegó a intervenir a niños, el más pequeño de tan solo 4 años.

En aquel momento, el trabajo «pionero» de Walter Freeman se llegó a elogiar y ofrecía la esperanza de que la cirugía convirtiese a pacientes “molestos para ellos y para la sociedad”, en «miembros útiles de la sociedad». Todo ello pone la piel de gallina…

En 1941 el padre de Rosemary Kennedy autorizó a este cirujano, Walter J. Freeman y a su acompañante James W Watts, a realizarle una lobotomía a su hija con la finalidad de aumentarle el coeficiente intelectual

Se descubrió que Walter Freeman, quien inicialmente afirmó tener una tasa de éxito del 85%, tenía una tasa de mortalidad del 15%. Y cuando los médicos investigaron los resultados a largo plazo de sus pacientes, descubrieron que solo un tercio había experimentado alguna mejora, mientras que otro tercio estaba significativamente peor. Y así de nefasto fue el resultado con Rosemary Kennedy.

Tras esta terrible operación, Rosemary Kennedy perdió la capacidad de caminar o hablar. Tenía tan solo 23 años. Su autonomía desapareció para siempre

Después de que su padre viera el resultado de aquella intervención, tomó una rápida y fría decisión: Rosemary dejaría de existir públicamente.

Se dijo durante un tiempo que trabajaba de institutriz en Winsconsin, más tarde que padecía una meningitis y que por eso estaba hospitalizada. Pero la realidad fue otra más triste. 

Esta mujer pasó toda su vida en sanatorios a lo largo de todo el territorio de Estados Unidos.

Durante 64 años vivió escondida por orden de su padre en instituciones mentales, sin poder recibir visitas y necesitada de atención a tiempo completo

Ninguno de los hermanos de Rosemary supo su situación real porque el padre la apartó de la vida pública.

En 1961, 20 años más tarde, cuando el padre de Rosemary Kennedy estaba enfermo, sin capacidad para moverse o hablar, la madre del clan reveló lo ocurrido y fue entonces cuando la familia volvió a verla.

Cuentan que su padre no se arrepintió nunca de su decisión.

Pensaba ahora en la escultora Camille Claudel, protagonista de nuestro Podcast Lila 33, otra mujer recluida injustamente durante 31 años en un manicomio.

Rosemary Kennedy vivió injustamente excluida del mundo, recluida en instituciones mentales y con sus capacidades vitales mermadas por una brutal intervención

A pesar de eso, su vida fue longeva porque falleció en 2005 a los 86 años de edad.

Hoy en día, las llamadas “operaciones psicoquirúrgicas” rara vez se realizan pero no se han prohibido de forma radical.

Otra mujer olvidada por la historia, maltratada por su familia y de triste final

Y, ¿cómo recordamos hoy en día a nuestra protagonista?

Hace poco tiempo se han publicado unas Cartas de Rosemary Kennedy con Dorothy Smyth, dama de compañía irlandesa con quien mantenía una relación de amistad. Estas cartas muestran a una joven que a sus 20 años sorprendía por su inteligencia y que no ocultaba sus sentimientos.

Algunos libros sobre su figura: Rosemary: The Hidden Kennedy Daughter, de Kate Larson.

Elizabeth Koehler-Pentacoff en The Missing Kennedy.